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PEDALMA, 700 KM. MADRID - BARCELONA

PEDALMA, 700 KM
MADRID - BARCELONA


Sònia Colomo nos cuenta su aventura
6/21      PEDALMA       SÒNIA COLOMO
PEDALMA

PEDALMA Madrid-Barcelona es un evento de ultraciclismo sin asistencia que recorre 700km y 7000 metros de desnivel positivo de Madrid a Barcelona. La aventura se iniciaba el viernes a las 6h de la tarde, y tenía 50 horas por delante para llegar dentro del tiempo establecido.

Esta era la primera vez que hacía una prueba de este estilo, con bici de carretera y acompañada por otra persona, toda una experiencia.

 
Para esta aventura no podía escoger otra bicicleta que no fuese la Megamo Raise, una bici cómoda, con la que poder pedalear muchas horas sin ninguna excentricidad geométrica y con un cuadro absorbente ideal para todo tipo de carreteras. Perfecta además para incluir todo el equipaje necesario del fin de semana.
SOLO EMPEZAR LA LLUVIA NOS ALCANZA

La previsión apuntaba viento, mucho viento, y aunque era algo que sabíamos, nadie esperaba que el tiempo se pudiera torcer tal y como lo hizo. Rayos a lo lejos, ligera lluvia en un inicio y de golpe tormenta. Llevábamos menos de 3h de pedaleo y ya íbamos empapados de la cabeza a los pies.

Llegamos al CP1 en Cifuentes de noche. El plan inicial era seguir hasta el CP2 y vivaquear allí, pero las condiciones de frío y lluvia que iban a seguir por lo menos 3 horas más nos hicieron optar por dormir debajo de las arcadas de la plaza mayor hasta que la lluvia amainara.

Sabíamos que el tramo hasta el CP2 era a 1300 metros de altitud y con el riesgo de hipotermia no se puede jugar.

Sobre las 3 de la mañana la lluvia cede, recogemos los sacos de dormir, nos ponemos de nuevo la ropa mojada y volvemos a subir encima de la bicicleta.

Tengo mucho sueño, tengo los pies helados, la subida se me hace durísima. El día empieza a clarear, se ve el sol entre las nubes y llegamos al Valle de Mesa.

Las paredes se alzan a nuestro alrededor, el sol empieza a devolvernos un poco de temperatura y llegamos al CP2 en Nuévalos para desayunar a primera hora de la mañana. Café, pan con mantequilla y mermelada y un par de bocadillos de tortilla para llevar por el camino.



 



LLEGA EL VIENTO Y UN CALOR ASFIXIANTE


Recupero la energía perdida durante la noche y empezamos a pedalear rumbo a Belchite donde se encuentra el CP3. El viento sigue soplando con fuerza y la temperatura empieza a subir. Llegamos a Belchite después de 365km para comer, hidratarnos y mentalizarnos para lo que será una de las partes más duras del recorrido.

El termómetro marca 37º, los molinos giran sin cesar y las carreteras se vuelven literalmente infinitas. El agua de los bidones quema y el calor de la zona de Mequinenza te seca por dentro y por fuera. Subimos, bajamos, volvemos a subir, parece que no llegamos nunca y ya no tenemos nada para beber. El sol empieza a bajar y solo nos queda un descenso de 3km para llegar al CP4.

Llegamos justo antes de que nos cierren, justo a tiempo para pedir agua, zumo, una pizza y un helado. Después de cenar, avanzamos un poco para buscar un sitio para vivaquear y encontramos un pequeño monasterio donde dormimos 3 horas antes de encarar lo que será la parte final de la ruta. Los búhos ululan a nuestro alrededor, suena el despertador y arrancamos de nuevo.

Salimos de noche para evitar el calor en la zona de Lleida, vemos como el paisaje empieza a cambiar, empezamos a reconocer carreteras que nos son familiares, pronto veremos Montserrat de fondo y sabremos que estamos cada vez más cerca. Los árboles se alzan en un puerto precioso que sube hasta el CP5 en Santa Coloma de Queralt.


 



LOS ÚLTIMOS 115 KM


Llevamos 585km, toca otro helado, poner crema del sol y seguir hasta Gelida. Conocemos la ruta hasta allí, nos vienen a ver unos amigos de la zona, nos animan, vamos muy bien pero el calor empieza a hacerse insoportable. Llegamos a Gelida, rellenamos agua y aunque podríamos haber ido a casa, nos queda aún llegar a Barcelona.


 



EL TRAMO FINAL


El tramo de Martorell a Barcelona fue el más duro con mucha diferencia. La tranquilidad de las carreteras anteriores queda reemplazada por el tráfico y los semáforos. Es hora punta de mediodía, casi 40º y viento de cara. Solo quiero llegar a Barcelona para volver a Gelida de nuevo y comer, ducharme con agua fría y dormir. Paso por delante de uno de los sitios donde trabajo; “mañana toca trabajar” pienso. Queda nada y menos para llegar a Plaza España. Vemos las torres mientras nos esperamos en un semáforo para cruzar.


 
Texto: Sonia Colomo La organización está allí, nuestros amigos también. Aplausos, silbidos, muchos abrazos. Hemos llegado a Barcelona después de 44 horas totales y 31 horas encima de mi Megamo Raise.